Toma
el apodo Macanita de su padre, al que llamaban El Macano,
pero cuando canta desgarrada y purísima se acuerda de su
madre. Su voz rota es una de las más flamencas del final
de siglo. Cantaora larga y llena de temple y pellizco, La Macanita
es heredera directa de La Paquera y la Perla siendo la Soleá,
las Bulerías y los Villancicos navideños su gran
especialidad. La Macanita posee una voz que pertenece a otra época.
Su juventud y belleza contrastan con su preferencia por el
timbre arcáico y verdadero del sonido negro. Su cante
es totalmente puro, flamenco sin "aditivos" ni influencias
ajenas. En sus actuaciones aporta un sorbito de Jerez del bueno
a cualquier cóctel musical en cuyo cartel aparece.