Diseminados
entre
Argelia,
Libia,
Níger,
Mali
y Burkina
Faso,
los Tuaregs
constituyen
hoy un
conjunto
de tribus
nómadas
o semi
sedentarias.
Esencialmente
pentatónica,
su música
varía
en función
de la
trashumancia
y los
desplazamientos
periódicos
de los
diferentes
clanes,
pues
sus costumbres
se ven
influidas
por la
vecindad
con los
otros
pueblos
del Sáhara.
Así,
el repertorio
de Tartit,
grupo
de base
femenina
constituido
en Bélgica,
difunde
los ecos
melancólicos
de las
voces
y de
los instrumentos
en voga
en la
región
de Tombuctú,
la ciudad
mítica
situada
a orillas
del Níger,
en el
Mali
septentrional
del que
son originarios
sus componentes.
En
su
música,
sobre
todo
en
la
guitarra,
se
pueden
encontrar
similitudes
sorprendentes
con
el
estilo
de
Ali
Fraka
Touré,
el
que
ha
puesto
de
manifiesto
que
las
fuentes
del
blues
están
también
en
esta
vasta área
geográfica
que
es
frontera
de
dos
mundos:
el árabe-bereber
y
el
negro-africano.
Fundado
por
cinco
mujeres
tuaregs
provenientes
de
un
campo
de
refugiados
de
Burkina
Faso,
Tartit
ha
incorporado
con
el
transcurso
del
tiempo
a
instrumentistas
masculinos.
Los
cantos
de
Tartit
tratan
de
temas
diversos:
el
amor,
la
paz,
la
lucha
contra
el
hambre
y
contra
la
sequía.
Las
mujeres
se
acompañan
del
tindé,
un
tambor
hecho
a
base
de
un
mortero
de
madera
forrado
con
piel
de
cabra.
El
tindé es
en
realidad
un
elemento
omnipresente
en
la
cultura
material
de
las
comunidades
nómadas,
pues
en él
colocan
los
ingredientes
típicos
de
su
gastronomía,
como
la
harina
y
la
sémola.
Transformado
en
tam-tam,
acompaña
el
canto
de
la
solista
e
interviene
además
en
las
ceremonias
de
bienvenida
a
los
forasteros.
Vibrante,
construida
sobre
un
sistema
de
espirales
que
evocan
las
numerosas
danzas
practicadas
en
los
campamentos,
la
música
de
Tartit,
con
sus
ambientaciones
festivas
y
alegres,
seduce
al
público
occidental
que
participa
en
los
conciertos.